Desde hace algún tiempo me sentaba frente al computador y comenzaba a teclear este maldito teclado duro y lastimoso, con algunas manchas de comida y algunas letras insensibles, reiterando constantemente la palabra que quería escribir, sin embargo por alguna extraña razón en el cuarto o quinto renglón se atoraba mi inquietud escribana, me detenía y borraba lo ya avanzado. No se si es pereza o decidía pero esa maldita manía era constante una y otra vez, atacaba mis ganas, mi pasión, mi inspiración de escribir.
Parece que ahora ya pude romper eso, y es que cuando las palabras no dichas, escritas ayudan mucho a desahogar un poco lo que el dia con día te sujeta sobre la espalda, y te obliga a llevártelo a tus sueños personales.
Talvez sea la edad absurda de mi persona o la fatal manera de expresar lo que siento, cosa que nunca me es retroalimentada, sin embargo en este mundo lleno de individualidades y personalidades en busca de algún reconocimiento en el mundo absurdo de las relaciones, la ausencia del poner en común, del dialogo de la comunicación esta cada vez mas presente.
Los amigos con el paso del tiempo visitan muy poco, las relaciones se vuelven pesadeces estomacales que resultan estropear el anhelado futuro, el trabajo te absorbe y te lleva al inevitable dinero, la música de antes te sigue pareciendo mejor a la de ahora y la política que sigue sin tener sentido es parte de tu metodología intelectiva.
No estoy escribiendo de algo en particular, o de algún tema que te lleve a la reflexión o repudio, tal vez este escrito sea mi terapia divina de algo que llevo cargando y no lo he compartido, o mejor aun, estas letras son la alteración que ha estado sufriendo mi persona con el paso del tiempo.
Ese paso del buen hijo al mal ejemplo, del novio al esposo aburrido, del estudiante al empleado obsoleto, del galán al perdido, del dinero al esclavo, del critico al sin talento, de lo poco a lo mas y del todo a lo menos, quizá eso me este sucediendo, una reinvención de mi ser sin sentir complemento ni avance.
Hace unos días alguien me dijo que le resultaba incomodo, creo que yo suelo ser bastante incomodo en todos los sentidos, soy incomodo en el futbol, incomodo en la cama, incomodo en el trabajo, incomodo en las redes sociales, incomodo en la vida, soy incomodo, quisiera ser comodín, aplacable y rentable, amigable y cariñoso, de esos comodines que te hacen ganar algo en el momento menos esperado. Sin embargo ni soy eso ni lo otro, mas bien soy incomodo.
Ahora ya para finalizar he descubierto varias cosas del pensamiento del ser humano, y no soy Freud, tampoco psicoanalista, mas bien soy merolico de barrio, que vende experiencias y acomoda situaciones y una de estas es la siguiente.
En la actualidad la mujer ya no busca ni sexo ni amor, ni casorio, ni hijo, ni boda, ni plenitud, la mujer se perdió en aquel camino de la galanura para demostrar que basta un dildo para ser feliz y una cartera para mantenerse así.
El hombre busca amor, donde solo hay sexo, casorio donde solo hay interés, boda donde no hay amor, plenitud donde no hay avance, el hombre se perdió en aquel camino de la falsedad para demostrar que basta un puñado de billetes para ser feliz y una mujer con quien compartir.
Esto ultimo no tiene relación ni con lo primero ni con lo segundo, mucho menos con lo tercero o con lo penúltimo, lo único rescatable de aquí es que pude pasar del cuarto o quinto renglón, y que ustedes leyeron algo que desde hace tiempo no encontraba a quien venderle esta vieja teoría de mi incomodidad absurda de ser incomodo.
