Aquella tarde mientras la purificación
dietética de un nuevo año impregnaba la indecorosa manera de actuar de Kimbra ,
ella caminaba por la orilla de la banqueta, reflejando sus enigmas en cada
ventana que rodeaba la avenida transitada de la ciudad.
Saco de aquel bolsillo una
cajetilla de cigarros apachurrada, con un solo tafiro, decidió tomarlo, mirarlo
y aun así encenderlo, ella seguía en la orilla de la banqueta volteando su
cabello al ritmo de su sombrero, de un lado a otro, buscando la perfección que le diese el respiro
adecuado.
Se detuvo, fumó, ahí se acercó el
viejo cortes y poco elegante de voz intensa:
- - Tienes un cigarrillo que me regales, comentó el
viejo.
-
- ¿que te regale un cigarrillo?, si lo tuviera,¿ por
qué habría de regalártelo?
- - Por la misma razón por la que habría de dejarte
vivir.
Kimbra sonrió, le mostró la
cajetilla vacía, la arrojó a sus pies. El bajo por la cajetilla y la llevo
hasta su bolsillo.
- - Supongo que esto será el primer recuerdo de
nuestro encuentro. Dijo en tono agradable el hombre de barba larga.
- - Supones bien, hoy recibiste un regalo vacío.
El viejo atento, sacó del otro
bolsillo una navaja hermosa, casi una pieza de colección, tomó a Kimbra de una mano y sin temor alguno
deslizo la punta por el primer pulmón de kimbra, pico una y otra vez, la
perforó hasta desangrarse, sus dientes rechinaban de ardor al disfrutar como pinchaba sus entrañas.
Kimbra continuaba fumando.
En aquella caída lenta y desvanecida,Kimbra ensuciaba el abrigo negro de aquel hombre,
Ella alcanzó a decir:- Te conformas con la cajetilla vacía, te regalo
el aire que ahora es humo de cigarro, anda respíralo.
Kimbra murió.
El limpió la navaja que su padre le
había regalado, la guardó, sacó un cigarro y después del primer jalón se dio cuenta
que había matado a quien habría sido el amor de su vida.
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario