martes, 7 de mayo de 2013

Si tú soga fuera blanca.


Imagina que sujetas con sólo dos dedos un costado de la cuerda, esa cuerda que viene sujetando infinidad de pesares, recuerdos, vivencias, dolores, anhelos, frustraciones… tú ahí tirado en la orilla de  lo más alto de un edificio, con el viento soplando contra tu cara, el polvo embarrando tus ojos, el frio congelando tus fuerzas, una mano detrás de tu espalda, con el rostro mirando hacia abajo; justo lo largo de aquella soga que mantienes con el simple esfuerzo de dos dedos, impaciente  por no poderla subir, las fuerzas que se han desgastado en este último tiempo no dan para más, tu ahí, mirando hacia abajo, un fondo sin ningún consuelo, únicamente esa soga de color blanco amarrada a lo que sostienes sin haber reconocido el valor del peso hasta ese día.

De pronto los dedos comienzan a deslizarse lentamente hasta quemar las yemas, estás sudando, gritando por no soportar más el pesar, tienes una pierna rota, la otra desaguando una herida de bala, has sido flagelado 100 veces, eres un trozo de ser humano, convertido en carroña áspera de un verano o invierno intolerante. Aun ahí en la orilla de ese edificio gris, tienes el valor de observar el color de las nubes, el sabor de un tímido sol, sientes el compás de alguna melodía callejera, tus labios se han secado por completo, es tiempo de soltarlo, es tiempo del nuevo tiempo.

Respiras, agachas la cabeza sin mirar lo que vas a dejar caer a un fondo imperecedero, tus dos dedos nos pueden más, has llagado por completo tu piel, has perdido el último aliento, es hora de perder por completo.
Escuchas a la razón, aquella que nunca dio por hecho lo que eran fantasías, te das cuenta que has disipado, te das cuenta que has tocado el mayor de los fondos, un fondo insuperable, en donde se vive de preguntas sin respuestas, un fondo de soledad, de vieja amargura, de pesar, de estrés, de vicio, un fondo oscuro, caluroso, ansioso e impaciente.

Estas con la mirada perdida en el lado izquierdo del edificio, observas como existe una profunda tristeza en el cielo, una tristeza infinita tal como lo es, ahora no sabrás que harás, quizá lleguen por ti, tal vez se olviden de ti, todo este tiempo indeciso de fórmulas extrañas han dado un resultado, el olvido de tú tiempo.
¿Qué ha sido lo más pesado que has cargado?, ¿Cuál ha sido el dolor físico más fuerte que has tolerado?, comienzas a torturar a tu cerebro, a ese breve espacio de la imaginación y la alucinación, hoy has perdido.
El beso, el aroma, la comida, el trabajo, los amigos, el automóvil, el dinero, el agua, el sexo, el amor, el adiós, el ahora, todo se mezcla entre sí, para darte una bocanada de esperanza, esa esperanza que sabes que existe pero no tiene nombre ni forma, y que colocas en las manos del tembloroso destino.
Comienza a sonar una vieja canción de piano, sigues perdido en la fastuosa incomprensión del cielo, es tiempo de romper con heridas, es tiempo del nuevo tiempo.

Preparas ese pie inmóvil, a tapar la rasgadura de la bala que perforo tu piel, detienes la sangre, mojas tus labios con la poca saliva de algún recuerdo, retomas tus manos, lentamente te sientas ahora de espaldas al vacío, piensas en arrojarte sin miedo, observas la puerta del fondo, esperas que alguien te detenga, esperas de alguien, cierras los ojos, respiras, levantas tu cuello, piensas.
Te has levantado, sin saber cómo caminas, sin consejos, sin vitaminas, en la derrota perfecta con sabor a victoria desciendes bajo 365 pisos de altura, vuelas, comes el viento.
La caída dolió, ahí en el asfalto tus huesos, tu estirpe, tu nombre quedó intacto, sin saber el ¿por qué? de tu exquisita decisión. Aun parpadeas un poco, observas la calle del fondo, ¿Qué sientes al saber que estás muerto?.

De pronto frente a ti, estás tú, mirando lo que fuiste, lo que te has hecho, olvidas creencias, religión, amor, dios, cielo, infierno, estás tú en el renacimiento perfecto del dolor, con una mente vacía, dispuesta a reinventar el fracaso, a conocer del amor, a besar, a beber, a correr, aprender a volar, a vivir para vivir, a conocer el tiempo del destiempo. Nada es perfecto, nada es correcto ni eterno, superaste el eje imprescindible del florecimiento obsoleto, eres una oportunidad del mundo, eres un espacio infinito de la naturaleza ambigua con sus dimensiones dispersas, eres tú y la oportunidad de unas nuevas circunstancias.
Desaparece tu torturado cuerpo del suelo, te das la vuelta, eres un guerrero sin armamento, sin excusas, sin presiones, sin deudas ni austeridades de amor. Eres tú, y tus ojos de color perfecto.

Llegaste al punto en donde se encuentra el desamor, la desesperación, la adicción, la dependencia, la frustración, llegaste al punto donde el tiempo era inocuo y sucumbiste a la banalidad de la divina tortura, dejaste de ser de aquello, de esos, de todos, ahora eres de ti, de mí, , en una embestida solipsista dominarás el arte de renacer a las peores circunstancias sin buscar el ¿Por qué? Y conectarás tu persona con lo que nunca habías sentido… vivir, sin tiempo, sin miedos, sin paradigmas, sin lugar, sin personas, vives para lo que la causa ponga en ti, duplicando lo que dispongas de tu enigmático nuevo ser. Un ser que no es ave fénix, que no es ave, que no es sabiduría, que no es un retiro, que no es monje, un ser que no es ser sin existir del sufrimiento ni de la resucitación de lo que hasta ahora conoces como esperanza, esa que se disfraza en el momento y lugar perfecto, y se amarra a ti de una soga blanca, y tú la tomaras con ambas manos, hasta desintegrar el tiempo, un tiempo de ti, y sin soga que amarre dolor. 

Favor de volverse a leer con esta canción de fondo. #porsuatencióngracias

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