En estos momentos me encuentro con las manos llenas de polvo y el calorcito que se evapora en mis palmas ocasiona un desprendimiento de mugre, como una delgada capa de plastilina negra.
¿Y Todo porque?, pues me tuve que brincar la barda de la oficina ya que el seguro de la puerta estaba atorado y era imposible abrirla, eh ahí el preciso momento en el que sentado en una barda de casi 2 metros y medio veía sumamente peligroso el precipicio de mi salto, de mi valentía, de mi… ¡puta madre que hago aquí! (aclarando que soy un joto para las alturas) me quede respirando por unos minutos, y para variar me perdí en la infinidad de ideas, comencé a cotorrear con mi yo interno
– Cabron lo que menos esperaba esta mañana es estar en una barda sentado a punto derl suicidio-.
Obviamente no me respondió pero quien si lo hizo fue mi espasmo divertido, mmm...!!! ¿no conocen ustedes del espasmo divertido?, les explico, el espasmo divertido es aquella punzada que no razona, piensa, asimila, ni siquiera lo mete a una tanda de análisis lógicos y cuestionables, el espasmo divertido es eso, un pequeño piquete en el cerebro que te provoca hacer infinidad de idioteces con la única intención de, “divertirte”, no importa resultado a posteriori, lo realmente trascendental es que por unos cuantos minutos vivas la suculenta experiencia de divertirte, otorgarle al Patan, ordinario y aburrido ser en el que te has convertido un instante de transparente alegría.
En esa barda de altura excesiva, comenzaba analizar las diferentes opciones que tenia para bajar y poder abrir la puerta, analizaba una y diez mil veces màs ¿que jodidos hago aquí?, la gente observaba a un hombre bien parecido, de traje y corbata negra en la punta de la barda (es necesario agregarle el bien parecido para que amarre el comentario), no faltaba uno que otro curioso preguntándose que hace ese pendejo ahí arriba, de pronto en otro acto de reflexión mi mente incito que el yo interior me preguntara,
- Imagínate a un Sacerdote en la punta de una iglesia queriéndose brincar porque no puede abrir su oficina, no, no, no, mejor aun, imagínate a Rubí Laura queriéndose brincar la barda porque no puede entrar a la oficina, ¿Qué harían ellos?, seguramente llaman a un cerrajero, chale que aburridos.
Y ahí al final del “chale que aburridos”, el espasmo divertido como en un soplido me echó a lo largo de la barda, y es que ustedes pueden imaginarse una caída libre como en alguna película, en donde los ojos y la sonrisa se nota, el cabello se alebresta, y como en una escena hollywoodense la caída dura 5 minutos, pues no fue así, fue la caída mas estupida, tonta, inexplicable, absurda, figúrate que “El chanfle” era quien se arrojara de la barda.
Describo la caída: Una mano agarrando un tubo que me serviría de sujetador para esto 90kg de pura masa,grasa,buche,nana y nenepil bien engullida en mi estilizado cuerpo, la camisa se rompió al deslizarme por la barda y mis six pack de abdomen por alguna extraña razón sigue sin estar duro como el concreto se mallugo completamente, las rodillas quemadas por la barda y lo peor es el dolor insoportable que me provoco esa descolgada al pegarme en el filo de la barda.
Después de caer y el dolor de tobillos, pies y demás articulaciones, comencé a reír encabronadamente, esa risa increíble que esta guardada en el fondo de uno mismo, esperando a que el espasmo divertido de vez en cuando la saque a pasear, es ahí cuando recordé que tan increíble era sucumbir a las idioteces de mi espasmo divertido, a las bromas, a las groserías, a las malas combinaciones de mi vestir, al adormecer mi apetito con golosinas, al correr, caminar, soñar, jugar, perder, ganar, a todo, mi espasmo divertido estaba siendo carcomido por lo que todos conocemos como normalidad, y aquí sentado frente al monitor de mi compu recalco que bien se siente trabajar sin traer la camisa puesta.

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