Allá en la montaña justo en la punta, casi tocando el somnífero smog citadino, día con día yacía el viejo Douglas, ya con años encima y mucho camino recorrido, en su inquebrantable búsqueda de hipsterino tomó la decisión de alejarse de las grandes puerilidades y sobre todo de las féminas banales, basado en decisiones empíricas y sobre todo con un corazón mal quebrado según el.
Ese Douglas era en sus tiempos un tipo sumamente atractivo, de aquellos que los hombres envidiaban y las mujeres suspiraban, ese Douglas era de esos tipos con un sentido preciso del momento, es decir, sabia como actuar en la situación, su cabello como quedaba sexy ante la flagelación visual, y su sonrisa despistaba a cualquiera. Sin embargo una ocasión, de aquellas en las que ni el calculo ni la idea ni el concepto se hacen uno mismo y tu mismo te haces un pedazo de nada, ese Douglas se enamoró.
Aquella mujer llena de telarañas en la cabeza, que fuma por necesidad de sentirse estable, de esas mujeres que su ropa huele a “fuck off” de Channel, pero aun así con todas sus extremas tetrapolaridades se atreven a entrarle al juego del amor, y ahí en ese dardo espacial lleno de acido muriático entra ese Douglas al cotorreo con la mujer, y ella sabe que si, tiene algo de atractivo y que efectivamente la excusa del “tiene algo que me llama la atención” es la premisa del holocausto, y es que cuando una mujer evoca a la premisa anterior dalo por hecho que terminaras ahí, en una simple llamada de atención, pero el Douglas no lo comprendió así y el ataco, ya sabes una de intelectualidad, 2 de poesía bizarra, 3 de filosofo secular, 4 de consejero familiar y 5 de emprendedor exitoso y aun así le falló, ese Douglas perdió ante la llamarada de atención, ante el lárgate de aquí siento que me amas y que eres genial pero en estos momentos no se lo que quiero, ni lo que necesito.
Ese Douglas bajo de la montaña como cada finales de mes a vender la artesanía que hacia con la miel del pino y hojas trogloditas, con ese dinero a penas le alcanzaba para satisfacer sus necesidades básicas.
Aun recuerdo mi encuentro con ese Douglas quien aquella noche como gran Sensei en la cima de la colina me dio refugio, en aquella cabaña desgastada un par de botellas semi llenas, una chimenea bohemia y unas pieles de zorrilla, comenzó a contarme aquella historia de Sara, como la canción de Three Souls in my Mind , según el.
Ese Douglas tiro un bombón a la fogata, y con voz lenta me dijo.
- La mayor parte del tiempo somos piromaniacos, sabes, nos encanta jugar con fuego, quemarnos, curarnos y volverlo hacer, sin embargo, no todos toleran el aroma que deja el fuego después de apagado.
Y yo con una botella de Borbón colegial simplemente asentía como alumno a profesor, sus palabras eran sabias, su retórica era inapelable, yo sabia que ese Douglas hablaba con sabiduría, de esas noches que sientes que tu vida podría cambiar al estar sentado ante alguien lleno de fina experiencia.
De pronto una libreta roja tomo y comenzó a leerme el decálogo de un piromaniaco.
- Mira a continuación voy a leerte el resumen de mi reflexión del amor ante las mujeres, todo esto plasmado en un pequeño decálogo que si tu siguieras al pie de la letra ninguna mujer podría dominar tu conciencia, entiendes, ninguna, ni tu madre.
1.- El fuego de la mujer nunca tendrá color, solo aroma, y este comienza apestar el aire cuanto tú invades con porciones que no saben a ti, sino a muchos más.
2.- el fuego lo que toca estalla, lo que tu toques comúnmente lo apagaras.
3.- Desde pequeñas las mujeres fueron programadas para ser bien portadas bajo la tutela disciplinaria, de grandes el amor lo ven como un disciplina y tu como una actividad recreativa.
4.- Convierte tus pensamientos y caricias, en creativas maneras de encenderla más no de conquistarla.
5.- Un lugar donde hay alcohol es el mejor lugar para que se olvide de ti.
6.- Evita los amigos, el fuego no le interesa amistarse, el fuego es individual y por lo tanto relacionarse tan pronto provocara que termine siendo tu mejor amiga.
7.- Nunca intentes descifrar que figuras pinta el fuego, mejor disfrútalo.
8.- Nunca preguntes que figuras pinta el fuego, mejor atráelo a tu fogata.
9.- Columpia la llama en una mano y en la otra un pequeño extinguidor, el fuego al final de todo siempre quema.
10.- Recuerda que le tienes mucho temor al fuego, y más aquel que no sabes porque razón arde.
Ese Douglas cerró la libreta roja y me miro a los ojos, me sonrío y en tono seductor se acerco a mí, la noche era perfecta, mi alma le pertenecía y en una simple oración termino mi duda emocional.
- Yo soy fuego, el día en que lo comprendas, dominaras cualquier fogata femenil. Carajooo! Eso amerita un Tweet!! .
Saco su smartphone y se olvido de mí.

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